La importancia de los monocristales
Note
Este texto es parte de una serie todavía a medio hacer dedicada a la síntesis y el crecimiento de materiales
Para la mayoría de las personas el concepto de cristal se asocia con el cristal de una ventana, algo que tiene todo el arte porque de hecho el cristal de una ventana es un vidrio, una estructura que no es cristalina porque carece de orden. Cuando un material tiene una estructura cristalina continua sin bordes se dice que es un monocristal. En nuestra vida diaria, ejemplos de monocristales son las piedras preciosas como el diamante, los rubíes o las esmeraldas, los cristales individuales de sal de cocina o los cristales de hielo. El resto de las cosas sólidas a nuestro alrededor, como pueden ser un objeto metálico, la madera, una piedra, la cerámica o un ladrillo, no parecen tener mucho en común con los cristales. Sin embargo, muchos de ellos (todos los ejemplos anteriores menos la madera) son sustancias policristalinas formadas por innumerables cristales o mezclas de sustancias policristalinas. Por todo ello, los monocristales son un concepto central en nuestra forma de entender la materia. También juegan un papel fundamental en los avances tecnológicos de los últimos cien años.
La determinación de la primera estructura cristalina
Hoy en día sabemos que la materia está compuesta por átomos y que un cristal es un conjunto de átomos formando una estructura periódica en tres dimensiones. Este conocimiento es relativamente reciente: en 2013 la revista Angewandte Chemie publicó un artículo titulado Chemical Crystallography before X-ray Diffraction en conmemoración del centenario de la resolución de la primera estructura cristalina, la del cloruro sódico o sal de cocina.
El año 1913 fue un momento fundacional en nuestra forma de entender la materia. En un artículo titulado The Structure of Some Crystals as Indicated by their Diffraction of X-rays, Lawrence Bragg usa la interacción entre los rayos X y un monocristal para determinar la estructura del cloruro sódico, incluyendo la posición de los átomos de sodio y cloro. Bragg no empieza de cero, algunas ideas sobre monocristales se remontan al siglo XVII, pero la interpretación de los datos experimentales require dos suposiciones fundamentales: 1) la materia está compuesta por átomos y 2) los átomos en un cristal están dispuestos de manera periódica de manera que una unidad estructural, llamada la celda unidad, se repite en las tres dimensiones.
Es importante resaltar que la resolución de la estructura del cloruro sólido no demuestra por sí misma la existencia de los átomos: lo que hace es demostrar que la hipótesis atómica permite interpretar con gran precisión la forma en la que los rayos X interaccionan con la materia. Por tanto, cualquier persona que presente una hipótesis alternativa tiene que poder predecir los espectros de difracción al menos con la misma precisión que la hipótesis atómica.
Antes he mencionado que uno de los puntos de partida de Bragg es la suposición de que los cristales están formados por la repetición en tres dimensiones de una celda unidad. Bragg no tiene que empezar su análisis desde cero, sino que pudo utilizar el conocimiento de su época sobre estructuras cristalinas. Aun sin tener acceso a técnicas como la difracción de rayos X, durante el siglo XIX comienzos del siglo XX se desarrollaron conceptos claves para entender la estructura de los cristales.
A finales del siglo XVII, en su Essai d'unne theorie sur la structure des crystaux, Haüy encontró que ciertos minerales se rompen de tal manera que sus fragmentos tienen la misma forma. Esto llevó a concluir que los cristales están compuesto de unidades estructurales que se repiten en el espacio.
Los trabajos de Frankenheim en 1826 y luego Bravais en 1848 determinaron que sólo hay 14 simetrías compatibles con estructuras periódicas en tres dimensiones. El trabajo de Frankenheim fue principalmente empírico, mientras que Bravais, que identificó el número correcto (14 frente a las 15 the Frankenheim), usó una aproximación matemática al problema. Cada celda unidad puede estar compuesta por múltiples átomos con su propia simetría. Fyodorov en 1891 determinó que en total hay 230 grupos espaciales de simetría compatibles con redes de Bravais. Estos conceptos crearon una forma de pensar que ayudó a científicos como Von Laue y Bragg a desarrollar métodos para extraer la estructura cristalina a partir de la interacción de cristales con los rayos X.
A partir de 1913 se desata una carrera para determinar la estructura cristalina de todos los sólidos conocidos. Cien años más tarde, usando métodos y herramientas más refinadas pero basadas en los mismos principios de Bragg, se han determinado más de un millón de estructuras cristalinas de diferentes materiales. Los mismos métodos se usan también para la determinación de estructuras de moléculas, siempre y cuando se pueda conseguir un cristal lo suficientemente puro y homogéneo. Esto contribuyó a impulsar el interés por las técnicas de cristalización, cómo conseguir que del estado líquido o a veces gaseoso se pueda crecer un cristal lo más puro y con mayor calidad posible.
El impacto de los monocristales
Los monocristales también juegan un papel muy importante en nuestra aproximación al estado sólido, ya que son una representación idealizada de un material, una fase continua y homogénea que en muchos casos es la forma más estable de un material. Una pieza de metal como cobre es un material policristalino, compuesto de múltiples cristales o granos. Dependiendo de cómo se hayan trabajado, dos piezas distintas de cobre pueden tener granos de tamaños y formas muy diferentes, lo cual afecta a las propiedades del material. Históricamente, esto ha sido una de las grandes barreras para el avance de nuestro entendimiento científico (que no técnico o empírico) de los materiales. Sin embargo, si la composición e impurezas son las mismas, la estructura de cada grano en las dos piezas es la misma: estudiar las propiedades de un monocristal permite por tanto que nos centremos en lo que todas las piezas de cobre tienen en común.
La idealidad de los monocristales ha hecho que históricamente hayan tenido mucha importancia cultural. Múltiples culturas, desde el mundo greco-romano a la India, China y mesoamérica, han valorado gemas y piedras preciosas como símbolos de estatus, poder y lo sagrado. En su Historia Natural, Plinio describe la apariencia de varios cristales conocidos en la época romana.
Finalmente, el crecimiento de monocristales con cada vez mayor pureza ha transformado por completo nuestra sociedad desde el punto de vista tecnológico. Actualmente, el monocristal que más impacto tiene en nuestras vidas es sin duda el silicio. No sólo los monocristales de silicio son la base de la industria de semiconductores, sino que el tipo de panel solar más común hoy en día se base en monocristales o policristales de silicio. Y nuestros avances en física de la materia condensada en gran medida dependen de nuestra habilidad de sintetizar materiales monocristalinos.