El mundo oculto de las láminas delgadas
Una de mis experiencias recurrentes como científico es abrir una puerta esperando encontrarme con un armario o un cuarto de las escobas y descubrir que en realidad es un portal que conecta con un mundo hasta entonces desconocido. Uno de los ejemplos más claros en mi caso es el mundo de las láminas delgadas.
Comparado con cuestiones que han percolado a la cultura popular, como pueden ser los agujeros negros, los dinosaurios o el cambio climático, la mera idea de dedicar tiempo a investigar láminas delgadas parece casi una excentricidad. Sin embargo, detrás del concepto de lámina delgada se esconde no ya conferencias internacionales con miles de científicos, sino múltiples comunidades cada una con sus propias conferencias. La mayoría de las contribuciones experimentales a la física de la materia condensada (por ejemplo, el estudio de la superconductividad) dependen del crecimiento de láminas delgadas. Toda la tecnología de semiconductores, buena parte de la solar, los LEDs, por mencionar algunos casos, se basan en láminas delgadas.
Más allá de las aplicaciones, son un sistema modelo ideal para entender cómo controlar la formación de materiales a escala atómica y entender los procesos y reacciones que llevan a la formación de la materia: los mismos procesos que suceden durante la condensación de cristales en las regiones más frías alrededor de las estrellas y las supernovas se utilizan para crecer diodos y transistores basados en carburo de silicio que permiten transformar la electricidad en vehículos eléctricos. Por este motivo, detrás de la puerta de las láminas delgadas se esconden también cientos de tesis doctorales, estudiantes de doctorado, y múltiples empresas, algunas de ellas enormes.
Pese a su importancia, cuando terminé la carrera ni siquiera era consciente de que este mundo existía. El mero concepto de lámina delgada (thin film en inglés) me era completamente desconocido, ni siquiera recuerdo que se mencionara alguna vez a pesar de su papel fundamental en la física de la materia condensada. ¿Por qué no ha trascendido este campo? Posiblemente porque es literalmente invisible: una lámina delgada se caracteriza por tener un espesor entre un nanómetro y algunas micras, y el crecimiento de materiales a esta escala requiere herramientas muy especializadas. En una disciplina como la mecánica de fluidos, los métodos y forma de pensar de los científicos a lo mejor no han llegado a percolar a la sociedad, pero sí que tenemos una clara idea de lo que es un fluido o un líquido.
Otro factor es que, a pesar de ser esenciales para los desarrollos tecnológicos del siglo XX en adelante, las láminas delgadas no tienen ninguna resonancia en nuestra cultura. Todos nos podemos imaginar a los enanos del Señor de los Anillos creando objetos mágicos a pesar de nunca haber pisado una forja. Trabajar los metales ha sido algo tan esencial para la humanidad que forma parte del imaginario colectivo de diferentes culturas. En cambio, no hay un Hefesto de las láminas delgadas, es un concepto demasiado contemporáneo para tener raíces profundas.
Finalmente, hay que admitir que el concepto en sí mismo no es en principio especialmente atractivo. Mientras que la idea de agujeros negros alimenta nuestra imaginación y la idea de crecer cristales puede evocar asociaciones con gemas y piedras preciosas, el concepto de láminas delgadas pertenece a la misma categoría que los engranajes flexibles: dos términos yuxtapuestos cuyo significado es vagamente familiar pero decididamente poco emocionante. Eso hace que no sea un tema recurrente en la divulgación científica o en películas o series de ciencia o ciencia ficción, las formas principales en las que los conceptos científicos pasan a la cultura popular en nuestra sociedad. Basta con ver la página de wikipedia en español, escrita desde un ángulo muy concreto posiblemente por una sola persona y sin apenas moderación, para entender que no hay una gran comunidad de entusiastas de las láminas delgadas.